El misterio de los 'duendecillos saltarines': La seta que causa alucinaciones y su potencial médico
Investigadores de la Universidad de Utah han identificado a Lanmaoa asiatica, una seta silvestre responsable de las históricas alucinaciones de figuras diminutas conocidas como 'duendecillos saltarines'. Este descubrimiento no solo resuelve un misterio que data de 1934, sino que también sugiere nuevas estrategias para comprender y tratar trastornos neurológicos como la demencia.
Un grupo de viajeros que llegó a Papúa Nueva Guinea en 1934 con la intención de explorar nuevas culturas no pudo imaginar el fenómeno que presenciaría: una multitud de personas aparentemente enloquecidas, convencidas de que veían diminutos duendecillos correteando a su alrededor. Este incidente, posteriormente bautizado como la 'locura de las setas', se registró inicialmente como una anécdota local vinculada al consumo de un hongo silvestre conocido por los nativos como 'nonda'. Sin embargo, con el paso del tiempo, episodios similares fueron reportados en regiones tan distantes como China y Filipinas, manteniendo vivo un misterio científico que persistió durante décadas.
Durante mucho tiempo, la comunidad científica se enfrentó a la imposibilidad de identificar el agente causal. No existía una especie de seta silvestre común a todas las zonas afectadas por los brotes de alucinaciones. El propio Albert Hofmann, el químico suizo descubridor del LSD, dedicó esfuerzos a investigar este compuesto responsable de las visiones liliputienses, pero cuando analizó las setas señaladas por los locales en aquel entonces, no encontró rastros de sustancias psicoactivas conocidas. El caso quedó temporalmente archivado hasta que se reabrió en la década de 1990 con nuevos reportes en la provincia china de Yunnan, y más recientemente, en 2024, con un brote en una comunidad indígena del norte de Filipinas.
Estos casos modernos, al estar mejor documentados, permitieron a los investigadores de la Universidad de Utah realizar un análisis forense del hongo. Al examinar el ADN de las muestras recolectadas en China y Filipinas, descubrieron que, a pesar de tener nombres locales diferentes, pertenecían todas a la misma especie: Lanmaoa asiatica. El siguiente paso lógico era determinar si este hongo también era el responsable del incidente original de 1934 en Papúa Nueva Guinea. No obstante, cuando los autores del estudio viajaron al lugar, una intensa sequía había impedido el crecimiento de las setas, obligándolos a regresar sin poder confirmar la identidad del hongo local. Los investigadores mantienen la hipótesis de que se trata de la misma especie, pero esperan verificarlo en futuras expediciones.
Una vez establecida la identidad del hongo, el foco de la investigación se desplazó hacia la búsqueda del compuesto psicoactivo específico. Se esperaba encontrar psilocibina u otras sustancias alucinógenas comunes en este tipo de hongos, pero los análisis no revelaron ni esa sustancia ni ninguna otra sospechosa de provocar estos síntomas. La ausencia de compuestos conocidos convierte a Lanmaoa asiatica en un caso único y desconcertante para la micología y la neurociencia.
Las descripciones de las alucinaciones son notablemente consistentes entre los distintos afectados. Los testigos reportan la visión de personajes diminutos, vestidos con colores vivos y con apariencia similar a duendes, elfos, payasos o hadas. Estas figuras no se comportan de manera fantástica; respetan las leyes de la física, rodeando obstáculos, trepando objetos y cayendo si intentan subir a una mesa sin sostén. Algunos relatos incluyen interacciones sorprendentes con el entorno, como la visión de un pequeño ser nadando en una sopa o saltando desde una cuchara hacia un plato.
A diferencia de otras setas alucinógenas que suelen consumirse con fines recreativos o rituales, las intoxicaciones por Lanmaoa asiatica a menudo ocurren de manera accidental. En muchos casos, el hongo se ingiere por su valor culinario, pero la falta de cocción adecuada desencadena los efectos adversos. Un ejemplo citado en los reportes involucra a una persona que vio un duende saltar hacia su plato mientras consumía una sopa de setas, evidenciando que la preparación inadecuada es el factor detonante.
Más allá de la curiosidad etnográfica, este hallazgo tiene implicaciones clínicas significativas. Enfermedades como la degeneración macular, la demencia y la abstinencia alcohólica pueden provocar cuadros alucinatorios similares. Los científicos de Utah argumentan que comprender los mecanismos exactos mediante los cuales esta seta induce las alucinaciones podría facilitar el desarrollo de métodos para tratar o prevenir estos síntomas en pacientes neurológicos. Por tanto, identificar la sustancia química responsable se ha convertido en una prioridad científica, aunque por ahora permanece como un misterio pendiente de resolver.
D.Sánchez--ESF